CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

— ¿Podría ponerlo de nuevo, por favor?

Para Erick, aquellas simples palabras representaron una verdadera sentencia, el inicio de una terrible tortura que parecía no acabar nunca. Sintiendo el cuerpo pesado y el corazón acelerado, se levantó del sofá, caminó hasta el antiguo televisor portátil que habían conseguido únicamente para ese fin, y dio play al video en el pequeño botón del viejo DVD.

—Permanezcan atentos, señores—pidió el detective—. Cualquier detalle,
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