CAPÍTULO TRECE

Cuando Erick finalmente apareció, Olivia tuvo que hacer un esfuerzo tremendo para no reírse ante el poema en que se convirtió la cara de Collin, quien ni siquiera le había creído cuando le contó que estaba saliendo con nada menos que el jefe. Aunque la verdadera tortura para Olivia comenzó cuando tuvo que acercarse a Erick y saludarlo con nada menos que un afectuoso beso en la boca. Por su puesto, lo difícil del asunto no provenía del beso en sí, ni mucho menos, sino del hecho de que tenía que
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