CAPÍTULO DOCE

Habían pasado varios días ya, y Erick se encontraba incapaz de dejar de pensar en el fugaz beso que le había dado a Olivia, lo que era por completo un absurdo, pues ni siquiera había sido un beso con todas las reglas. Sus labios apenas y se habían rosado, pero aun así sentía como si aquel mínimo contacto de su boca con la de ella le hubiera dejado un reguero de fuego que no hacía más que crecer y crecer con cada segundo que pasaba. A menudo, se había sorprendido a sí mismo no solo pensando en e
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