Mujer prohibida: 9. No vamos a casarnos
Por petición de Cristóbal, la fiesta acabó. Y se excusó con su familia antes de hablar a solas con Lucrecia.
— ¿Qué diablos significa todo esto, Lucrecia? — la encaró una vez que cerró la puerta del despacho de su padre.
— ¿Qué puede significar? Vamos a tener un hijo.
— Tú y yo no podemos tener un hijo. ¡Terminamos! ¿Es que no lo recuerdas?
— Por supuesto que lo recuerdo — respondió, dolida —. Pero… luego me enteré de esto y… Dios, Cristóbal, vamos a tener un hijo. No pensarás… dejarme sola.
Cri