Mujer prohibida: 8. Mía, déjame arreglar esto, por favor
Durante todo el camino, estuvieron tomados de la mano, y cada vez que se detenían en un semáforo, lo aprovechaban para besarse y expresar con increíble transparencia lo que sentían por el otro.
Para Cristóbal, todo aquello parecía imposible, y aunque conocía el riesgo, dejó de importarle en el segundo en el que la hizo suya. Por su lado, Mía aún se encontraba consternada, incrédula. Ella y Cristóbal. Dios. El hombre que había amado en secreto toda su vida. El hombre que… deseó miles de veces fue