Mujer prohibida: 3. Mía era esa mujer. ¿Qué diablos había hecho?
Mía despertó horas después, y de a poco. No reconoció su entorno, al menos no al principio.
— ¿Mía? — una voz reconocida la hizo girar el rostro.
Cristóbal estaba allí, sentado a un lado de ella. Se incorporó aliviado tras saberla despierta.
— ¿Cristóbal?
— Sí, soy yo. ¿Cómo te sientes?
— Un poco mareada — consiguió decir, aturdida —. ¿Qué fue lo que me pasó? ¿Por qué estoy aquí?
— Te desmayaste, ¿no lo recuerdas? — Mía negó —. No importa, ahora estás bien. Tus padres están hablando con el