Mujer prohibida: 12. Solo quiero un hijo de tu vientre
— Amigo, lo siento, pero… tienes que saber la verdad.
— ¿Qué carajos estás diciendo? ¡Habla ya!
— ¡No, Pablo! ¡No hagas esto! ¡No… me hagas esto! — rogó Lucrecia, y corrió hacia él. Lo tomó del cuello de la camisa y con lágrimas en los ojos le pidió que no lo hiciera.
Pero Pablo ni siquiera la miró a los ojos, y con dolor en los suyos, miró a Cristóbal.
— El hijo que está esperando no es tuyo — confesó, y Lucrecia comenzó a golpearlo, enloquecida.
— ¡No! ¡Cállate! ¡Estás mintiendo! ¡Mi hijo es d