El peor castigo: 9. Lamento que creas que mi hijo es un problema para ti
Matías no pudo conciliar el sueño esa noche, no después del beso que le había robado a Emma, y que, cínicamente, ella le había correspondido. ¿Qué carajos le había pasado? ¿Por qué tuvo que dejarse llevar por lo que… irremediablemente sentía?
Eso no podía volver a repetirse.
Echó un vistazo al reloj en su veladora. Casi las tres de la mañana.
— ¡Esto es el colmo! — gruñó, y se tapó la cara con la almohada en un acto desesperado.
Saltó fuera de la cama apenas se dibujó el alba. Iba a ser un compl