El peor castigo: 4. La triste vida de Emma
Aterrizó en el aeropuerto privado de Zúrich entrada la madrugada, y apenas amaneció, puso a toda su gente a buscarla.
— Quiero una respuesta esta misma tarde — les ordenó a todos antes de que desaparecieran por la puerta, quedándose únicamente con su secretario y jefe de escoltas.
— Señor, ¿puedo saber cuáles son sus planes cuando encuentre a la muchacha? — le preguntó el hombre.
— Primero, asegurarme de que ese hijo sea mío, y si lo es, no puedo consentir que nazca y se eduque junto a una mujer