El peor castigo: 11. Celos
Matías se encontraba en la biblioteca cuando escuchó la puerta abrirse.
— Cariño, ¿puedo pasar? — preguntó su abuela.
— Por supuesto, abuela, pasa — y señaló el asiento frente a él para que lo ocupara.
— Lamento importunarte, seguro estás muy ocupado, pero quería hablar contigo.
Matías asintió, dejando lo que estaba haciendo a un lado.
— Se trata de Emma, ¿no es así? Imagino que la tía Reina ya te puso al tanto de todo, ¿no?
Pero la dulce mujer negó.
— No he hablado con ella en toda la tarde, pe