Dante mal dijo, la agarró de la mano y tiró de ella. Cuando entraron en el piso, estaban fríos y empapados.
Angela tembló y Dante soltó la bolsa y le lanzó una de las dos toallas que había sacado de un armario cercano.
–Toma, secate.
–Gracias –ella se secó la cara y el pelo y en ese momento se dio cuenta de que tenía el polo blanco pegado a la piel y que se le transparentaban el sujetadorde en caje y los pezones erectos.
Y a juzgar por la dirección en la que miraba Dante, él también sehabía fij