49. Sus rugidos Salvajes.
—¡Ay! —exclama Annie, llevando una mano a su vientre. Es la primera vez que siente una patadita de la bebé, pero el gesto de ternura no aleja la angustia que crece en su pecho a cada segundo.
Sin dudarlo, cierra los ojos y concentra su mente en ubicar al perro, transformándolo rápidamente en la figura poderosa e imponente del Alfa.
Espera que Salvador esté lejos de Vanessa; si no, su verdadera identidad quedará al descubierto, igual que la de Arón. Un efecto dominó que podría acabar en desastre