48. Que le arrojen un pedazo de pan.
Narrador omnipresente
—¡Deténganse! Parecen animales salvajes, sin educación —gruñe Virginia, levantando la voz con fuerza, tratando de imponer orden mientras observa cómo esos viejos estúpidos destrozan sus muebles, sumidos en el caos.
—¿Animales salvajes? ¡Lo dice la hiena que humilla a su propio hijo con tal de seguir aferrada al poder! —responde Octavio, avanzando hasta quedar frente a Virginia. No puede contener su lengua, que parece tener vida propia y transmitir lo que su mente piensa.
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