102. Zadquiel no puede ser prisionero.
Narrador Omnipresente.
Zadquiel, bajo los efectos de una droga mezclada con licor, no puede controlarse. Parece un adolescente enloquecido, riendo y moviéndose con una energía desbordante. Su risa resuena en el bar, atrayendo miradas, especialmente aquellas que son peligrosas.
El ambiente es sofocante. La música retumba en las paredes, mezclándose con el murmullo de voces y el estruendo de vasos chocando. Las luces de neón parpadean, tiñendo los rostros con un juego de sombras rojizas y azules.