32. Bajo su poder.
¡Piensa, Annie, maldita sea, piensa!
¡Lo tengo! Cambio mi vestuario por algo más sexy y llamativo: un vestido rojo satinado, ceñido a mi silueta, sin nada debajo.
Adopto el tono azulado que heredé de mi madre, un color tan ajeno a mi apariencia habitual asegurándome de que Arón no me reconozca.
Mis ojos violetas brillan con intensidad, pero sé que no serán suficientes para delatarme.
—Thor, ¿crees que Arón alcanzó a escuchar tus últimas palabras? —le pregunto. Debo estar segura de mi siguient