KATIA VEGA
Marcos entornó los ojos y apretó las mandíbulas. Siempre que se sentía retado, levantaba la frente, como si quisiera apuntar con la punta de su mentón. Eso solo auguraba que no dejaría las cosas así.
—Señor Saavedra… Usted no necesita esos viñedos… —Recordando lo ocurrido en nuestra última sesión, decidí mostrarme amigable.
—Yo siempre obtengo lo que quiero. Quítate de mi camino, Katia, si no quieres terminar muy mal parada.
¿Me estaba amenazando? ¡Después de decir cuanto me extrañ