ARTURO VEGA
—Tengo buenas noticias… Ya sé dónde está Emilia —contestó Lisa emocionada haciendo que mi corazón se acelerara.
—¡¿Dónde?! —exclamé abrazándola con más fuerza, tanto que fue difícil que pudiera volver a poner los pies en el suelo. Sin contestarme, volteó hacia la puerta y entonces vi al sargento avanzando hacia nosotros, con el ceño fruncido, claramente molesto—. ¿Qué ocurre?
—Mientras voy por mi computadora, sería bueno que le dijeras a Arturo todo lo que me dijiste a mí —dijo Lis