ANTONIO LARREA
A cada paso que di no dejaba de pensar en esa pelirroja. Tenía esperanzas de que esa mujer fuera lo que necesitaba para poder sentir algo en este corazón que parecía muerto.
Siempre me sentí vacío, sin poder comprender como era una vida normal. No podía asimilar el amor ni el odio, la apatía llegaba a un nivel insoportable y desesperante. Cuando los doctores y loqueros advirtieron a mis padres que tenía inicios de psicopatía, todo se fue a la mierda. No solo se trataba de lidiar