KATIA VEGA
El viñedo del señor Torrejón parecía un paraíso. Era hermoso y amplio. Tal vez no era tan memorable como el de mi abuela, pero sería suficiente para que la empresa no sufriera pérdidas considerables mientras nuestro viñedo familiar era reconstruido y recuperaba su antigua gloria.
—De lo que salía de la finca de tu abuela, se tenía que destinar una parte de las ganancias a tus padres. Dado que se perdió… pasará mucho tiempo para que ellos vuelvan a ver un centavo —dijo Marcos con la