MARCOS SAAVEDRA
Sin preguntar ni pedir permiso, entré a la habitación de Arturo, tomé a Stella del brazo y la empujé fuera, cerrándole la puerta en las narices antes de que intentara entrar. —¡¿Qué te pasa?! —exclamó Arturo y en cuanto volteé, me recibió con un golpe que apenas pude esquivar.
—Katia ya intentó hablar contigo de manera civilizada y parece que no entiendes… —contesté divertido al verlo tan furioso—. Créeme, Arturo, Stella no es la única mujer que sabe follar.
—¡Cabrón! ¡Cuida tu