La oficina de Stephen parecía hacerse cada vez más pequeña mientras caminaba de un lado a otro, completamente absorto en sus pensamientos. Los acontecimientos de la noche anterior se reproducían en su mente como una película, cada escena nítida y cargada de emociones que había mantenido enterradas durante mucho tiempo.
El recuerdo de aquel beso, el sabor de los labios de Anna sobre los suyos, seguía presente en sus sentidos como una dulce melodía. Había sido un beso que tomó a ambos por sorpres