La mente de Laura, aún adormecida, luchó contra el regreso a la consciencia cuando un suave golpecito en su mano y el aroma del café recién hecho llegaron hasta sus sentidos. Poco a poco, abrió los ojos y entrecerró la vista ante la luz del sol que invadía la habitación a través de las ventanas que acababan de abrir.
El rostro alegre de Anna fue lo primero que vio, con una sonrisa iluminándole las facciones mientras iba de un lado a otro por la habitación. Laura soltó un gemido de protesta fing