-XXII-

Daylhan llegó a la casa de Neilan y Gydeon. Con cuidado, evitando hacer ruido, abrió la puerta y se adentró de puntillas. Pudo oír la voz del rubio junto con los gruñidos del castaño oscuro. Desencajando los ojos supo lo que estaban haciendo. Goloso por ver si repetían postura, se asomó, sigilosamente, por la entrada de la habitación...                                  Y sus ojos se abrieron de par en par.

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