-XLVI-

Los llantos hicieron sobresaltar a todos los que permanecían en el exterior.

Entre ellos, Peter, Shelly, Izan y Adelain, quienes entre los tres últimos, se miraron entre ellos con una enorme sonrisa en sus rostros.

Peter, anonadado, no apartaba los ojos de la puerta de la casa.

¿Cómo podían haberle engañado sobre esa... gente?

En el tiempo que llevaba con ellos había podido constatar que en absoluto eran salvajes, bueno, a excepción de sus bacanales y fiestas paganas,

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