Esa noche, Valeria se sentó en la cama, sintiendo cómo las lágrimas caían por sus mejillas. La confusión y el dolor la abrumaba. Sabía que Guillermo estaba luchando con sus propios demonios, pero no podía entender por qué se estaba alejando de ella despues de haberse entregado a él.
Se recostó, abrazando una almohada, deseando que el tiempo pudiera retroceder y que su relación no se hubiera complicado de esa manera.
“¿Cómo pude ser tan ingenua y creer que un hombre tan importante como él m