Valeria y Javier se alejaron de la mansión, pero el dolor en el corazón de Valeria era abrumador. Cada paso que daban la distanciaba más de Laura, y la promesa que le había hecho a su hija resonaba en su mente, intensificando su angustia. Era consciente de que debía encontrar la manera de regresar y protegerla de Natalia.
Mientras caminaban, Javier la miró con preocupación.
—Valeria, ¿te encuentras bien? No puedo creer lo que acaba de suceder. En cierto modo, me siento culpable. Perdóname.