Guillermo y Tania ingresaron a la habitación de Laura y la encontraron en la cama, temblando y con la piel cubierta de sudor. Tania se acercó de inmediato, examinando a la niña con preocupación.
—Laura, cariño, soy Tania. Todo va a estar bien, tu papá está aquí —dijo, acercándose a ella con ternura.
—Papá… —susurró Laura, entrecerrando los ojos.
—Estoy aquí, mi amor. Todo va a estar bien. Haremos lo posible para que te sientas mejor —respondió Guillermo, tomando la mano de su hija con delicadez