Isabel no podía salir de su asombro al descubrir que Valeria era su hermana perdida. La incredulidad la envolvía como un manto pesado, y su voz temblaba sin saber como asimilar semejante verdad.
—¿Y ahora qué va a pasar? —preguntó Isabel, exaltada—. ¿Te das cuenta de lo que esto significa? Estabas a punto de casarte con mi otra hermana, como lo hiciste con Natalia. Nunca te importé; apenas creíste que había muerto, no dudaste en casarte con ella.
—¡Eso no es así! —exclamó Guillermo con firmeza