Mientras Guillermo y Valeria se apresuraban a llevar a Laura a la clínica, Tania no se quedó atrás. Su ansiedad por observar la situación era palpable; no podía perderse ni un instante de lo que estaba sucediendo. Una mezcla de satisfacción y nerviosismo recorría su cuerpo. Sabía que su plan había funcionado, pero la incertidumbre sobre el estado de Laura la inquietaba. Como enfermera, era consciente de que la pastilla que le había dado solo la haría dormir, pero su inquietud le daba un aire de