Tanto Guillermo como Valeria experimentaban un creciente estado de ansiedad mientras aguardaban la conclusión de la lectura del testamento por parte del abogado. La expectativa en la sala era palpable, y el ambiente estaba cargado de tensión. Valeria se movía inquieta en su silla, sus dedos jugueteando con el borde de su blusa, mientras Guillermo, con la mirada fija en el abogado, intentaba disimular su nerviosismo.
El abogado, un hombre de mediana edad con gafas y un semblante serio, revisaba