Mundo ficciónIniciar sesiónElisa de la Vega observaba desde la distancia cómo sus hijos, Thiago y Benicio, corrían hacia Lucía apenas terminaron su desayuno. Vio cómo Benicio le mostraba con orgullo su mano ya casi recuperada y cómo Thiago se sentaba a su lado para que ella le ayudara a ajustar las correas de su mochila. La risa de los niños era genuina, una melodía







