CAPÍTULO 135
Mateo llevaba tres tazas de café negro y llevaba más de dos horas intentando concentrarse en los informes que tenia frente a el.
Estaba a punto de firmar una autorización cuando la puerta de su despacho, que siempre mantenía cerrada, se abrió con una familiaridad que sólo unas pocas personas en ese edificio poseían.
Thiago de la Vega entró con la seguridad de quien camina por su propio reino.
— Pensé que las oficinas de Sustentabilidad estarían llenas de plantas y muebles reciclad