93. El miedo de Emma
La luz de la tarde se desvanecía lentamente en el crepúsculo mientras James permanecía de pie junto a la ventana. Las palabras inconclusas seguían resonando en su mente—si pudiera tener un hijo de mi propia sangre. Se odiaba por pensar algo así en un momento como este, como si una esperanza privada pudiera alguna vez pesar más que el frágil cuerpo de Emma que yacía a solo unos pasos. Y aun así, sabía que el pensamiento era humano. Frágil. Honesto.
James regresó a la silla y tomó la mano de Emma