82. Una sola hoja de diseño
James palmeó suavemente la espalda de Emma, como asegurándose de que los latidos de su corazón volvieran a su ritmo natural.
—No le daré ningún espacio —dijo con calma—. Ni en esta casa. Ni en nuestras vidas.
Emma asintió. Confiaba en James, no por promesas, sino por la forma en que se mantenía a su lado sin necesitar muchas palabras. Esa noche compartieron una cena sencilla, intercambiando historias ligeras sobre Ethan, que había comenzado a dar valientes pasitos sin sujetarse. La risa suave d