69. Entre la luz y las heridas
La mañana llegó sin ceremonia. El cielo aún no estaba del todo claro, pero la ciudad ya se movía, como si al mundo no le importara que ciertas verdades fueran a sacudirse ese día. Emma estaba en la cocina preparando café con movimientos mecánicos. Sus manos estaban firmes, aunque en el pecho persistía un leve temblor que no lograba calmar.
James entró, arremangándose la camisa.
—El equipo legal está listo —dijo con brevedad—. Tenemos dos horas antes de que el ciclo informativo matutino alcance