48. Entre sombras y realidad
Harry se quedó paralizado en el umbral de la puerta. Su pecho subía y bajaba con rapidez; sus ojos miraban incrédulos hacia la cama en el centro de la habitación. Pero unos segundos después, la conciencia empezó a regresar —y entonces se dio cuenta de algo.
No era Emma.
La mujer que yacía allí tenía el cabello negro corto y la piel más pálida. A su lado estaba sentado un hombre con gafas, sosteniendo la mano de su esposa mientras contemplaba al pequeño envuelto en una manta azul. Ambos parecían