34. Fuego tras la niebla
El aire de la montaña se volvió más pesado. La niebla que antes era suave se transformó en un telón frío que oprimía el pecho de cualquiera que se encontrara entre los tres.
James permanecía erguido frente al porche de la casa, el cuerpo ligeramente inclinado hacia delante, como un lobo dispuesto a defender su territorio.
Emma estaba detrás de él, con las manos temblorosas aferradas a su vientre cada vez más abultado.
Harry avanzó, y cada uno de sus pasos resonó con claridad sobre la tierra húm