149. Necesitado de vivir
Harry no fue directamente a su oficina. En cambio, condujo hasta la casa de James.
Su coche negro se detuvo a cierta distancia.
No bajó de inmediato.
Durante varios segundos, permaneció al volante, mirando la reja blanca que conocía demasiado bien. La casa parecía tranquila. Sin flashes de cámaras. Sin multitud. Solo dos guardias de seguridad en sus puestos habituales, alertas pero relajados.
Finalmente, Harry salió.
Sus movimientos eran lentos, no como los de un invitado que llega, sino como l