110. Ondas que llegaron demasiado tarde
Pasaron dos días sin noticias. Sin mensajes de seguimiento, sin llamadas que rompieran el silencio. James dejó que la pausa hiciera su trabajo: sopesar las cosas, asentar sus pensamientos, asegurarse de que la decisión no naciera de una simpatía pasajera. Aquella mañana, cerró la carpeta de la propuesta de Harry por última vez y tomó su teléfono. Una llamada breve. Una invitación sencilla.
—Pasa por la casa —dijo James cuando Harry respondió—. Hablemos aquí.
Harry llegó cerca del mediodía. Sin