10.
Daniel.
—Lo juro. —susurra correspondiendo a mi súplica con la misma crudeza y euforia que yo siento.
El marrón achocolatado de sus ojos resalta bajo la tenue luz de la bombilla. Hay tanta convicción en ellos, que mi rabia amenaza con disiparse, haciendo que el fuego ardiente de mi constante molestia me carcoma por dentro ante la extraña sensación que me produce.
Freno mis instintos antes de sucumbir a las ganas que tengo de tomarla por el cuello, acercar su delicado rostro al mío y exigirle