Al entrar a la casa me encuentro con Wilson. Puedo notar en su expresión de enojo que, Priscilla, ya le contó todo lo que sucedió. Hay moretones en su cara como resultado de nuestra pelea de ayer. Imagino que yo también debo llevar algunos cardenales en la mía.
―No es necesario que te pregunte para saber que estás molesto ―le digo al dejar las llaves de mi carro en la mesa de la entrada―. Deberías escucharme antes de sacar tus propias conclusiones.
Me acerco a él y espero a que me dé su respues