¿Qué era lo que acababa de hacer?
Mis manos aún tiemblan, pero no sé si es por la rabia o por los nervios, ya que ni en mi más lejana imaginación, me hubiera atrevido a golpear y, mucho menos, hablarle de esa manera a Anthony. Por supuesto que estaba furiosa… ¿Cómo no iba a estarlo?
Esos salvajes estuvieron a punto de acabar con la casa al comportarse como dos peleadores callejeros sin considerar que con sus acciones pudieron haber inquietado a la Nana. Era necesario que interviniera, antes de