Han pasado solo unos días desde el funeral de Quinn, y el aire todavía parece pesado, como si el duelo se hubiera instalado en los huesos de todos los que la amaron.
Lucy se siente agotada, con la cabeza llena de ecos y silencios. Pero el hospital no espera. La vida —y la muerte— siguen su curso, sin detenerse por el dolor de nadie.
Así que hoy, como tantas otras veces, se pone la bata blanca, recoge su cabello en un moño firme y se prepara para volver al trabajo… aunque por dentro se sienta he