La noche se desploma sobre la ciudad como un manto de hierro. El aire huele a asfalto húmedo y desesperanza.
Lucy Monroe respira agitadamente en un intento por controlar la ansiedad que está sintiendo sentada dentro de su coche, frente al hotel, con los dedos aún aferrados al volante y el corazón golpeando su pecho como si quisiera romperle las costillas.
Grabó la conversación.
Tiene la prueba.
Tiene el poder.
Y aun así, no puede dejar de temblar.
La escena se repite una y otra vez en su cabeza