POV de NINA
No hubo advertencia. Solo un crujido de madera vieja y el desplome de una vida que apenas empezaba a asentarse.
Salimos al exterior envueltos en pieles, con la visión reducida a apenas un metro de distancia. La temperatura era un cuchillo que buscaba las fisuras de nuestro abrigo. No había rastro de nuestra huerta, ni del camino, ni de las lejanas luces de los vecinos que habían decidido quedarse. Estábamos, otra vez, en territorio hostil.
—¡El granero! —gritó Jose, luchando contra