Nammi sentía el nerviosismo de la anticipación recorrerla, los minutos se habían convertido en horas, y el rostro de Luc continuaba siendo el mismo, su seriedad, no era lo que la preocupaba, sino la oscuridad de sus ojos, pues en ellos ardía una furia que no se disipaba con el paso de las horas, pero trato de convencerse que no pasaría a mayores, porque él era Luc, un empresario respetado y decente, no es como que fuese Greco De Luc, ¿verdad?
— Señor, el señor Máximo está en la entrada, como lo