Apenas las puertas del ascensor se abrieron, Greco estaba allí, esperando por ella, y mientras Nammi lo abrazaba, como quien abraza a un buen amigo, Greco la sostenía, como quien se aferra a un chaleco salvavidas en plena tormenta marina.
— Nammi. — susurro mientras la arrastraba dentro de la suite, como si fuese un pirata, tratando de ocultar un gran tesoro, eso no se parecía a un rey, mucho menos a un príncipe.
— Greco espera. — dijo la castaña al tropezar con sus propios pies.
— No tenemos t