Mimi recibió la orden de un muy alegre Luc, de que le ayudara a instalar en la mansión a su pobre y buen medio hermano, y ahora se encontraba caminando por el largo pasillo de la mansión, su corazón latiendo con ansiedad en su pecho, mientras Máximo la seguía, en silencio, pero no era solo la tarea en sí lo que la incomodaba, sino la presencia de ese pelirrojo, quien caminaba detrás de ella, en un silencio casi opresivo.
Mimi se sentía como si estuviera siendo seguida por un fantasma, un espec