Hermes presionó sus labios contra los míos durante medio segundo hasta que le di un rodillazo en su sexo.
- En realidad no estamos casados.- le recordé mientras estaba de rodillas con una expresión de dolor.
Después de tanto tiempo, Hermes se puso de pie.
- Aceptado, por ahora.- respondió.
Ignoré tu respuesta.
- Entonces, ¿hoy me reuniré con la corte troyana? - pregunté.
- Sí, y la bella Helena sabrá el motivo de toda esta guerra.- Respondió Hermes.
- Quizá podamos convencer a Helena de que vue