Caminé lentamente, con el corazón latiendo con fuerza en mis oídos. Cada paso que daba me acercaba más a la verdad que tanto temía enfrentar. Frente a la florería, las flores de colores vibrantes parecían insignificantes comparadas con el torbellino de emociones que sentía en mi interior. Allí estaba Fray, mi hermano, el que todos creíamos muerto, pero no solo estaba vivo, estaba... viviendo. Parecía tener una vida completamente ajena a la que habíamos dejado atrás. Y entonces, la vi.
Una niña,